Actualmente se producen una gran cantidad de datos en todas las ramas de las ciencias. Esto se debe a los avances tecnológicos que permiten obtener datos automáticamente. Hay gran cantidad de satélites, por ejemplo, que generan datos meteorológicos, agrícolas y de contaminación ambiental, entre otros. También hay instrumentos en Tierra como estaciones meteorológicas y telescopios que hacen rastreos del cielo permanentemente. Muchos de esos datos son imágenes de alta definición que son muy grandes. Una imagen del telescopio Vera Rubin 50 veces más grandes que una fotografía de un buen celular. Imágenes como esas se generan de a cientos por noche. Hay grandes bases de datos de trabajos publicados en revistas científicas, como SciELO  (red iberoamericana de revistas científicas), PubMed/Medline (biomedicina y ciencias de la salud) o Google Académico.

El manejo y análisis de esta cantidad de datos no puede hacer con las herramientas tradicionales. Todos los desarrollos matemáticos y tecnológicos que se hicieron con este fin es lo que se conoce como BIG DATA. La Inteligencia Artificial también almacena gran cantidad de datos y necesita mucha capacidad de procesamiento. Estas grandes cantidades de datos deben ser analizados y transmitidos con velocidad y confiabilidad. Pero también hay que tener lugares para almacenarlos que sean lo suficientemente seguros para que no exista el riesgo de perderlos, de fácil acceso y que la transferencia sea rápida y confiable.

Cuando se trata de guardar datos personales puede hacerse en un disco rígido, un pendrive, pero también se hace en la “nube”. ¿Qué es la nube?, ¿en dónde está?

La nube son grandes servidores que están en distintos lugares del mundo. Estos requieren ciertas condiciones como estar refrigerados, que tengan energía eléctrica ininterrumpida, que no sean atacables ni física ni cibernéticamente y que sean de fácil acceso. Sus programas deben ser actualizados permanentemente y deben tener copias en varios lugares. Estos servidores usan grandes cantidades de agua para refrigerarlos, mucha energía eléctrica y necesitan permisos para ser instalados, generalmente en zonas aisladas.

Uno de los problemas que aún no tiene solución es el espacio físico que se necesita para almacenarlos. Hay propuestas de poner servidores en satélites en el espacio y en los océanos. Se están probando servidores sumergidos en océanos, pero todavía falta resolver algunos problemas. Actualmente se usa energía eólica para mantener. Pero esto no es posible si los servidores son grandes y muchos. Es necesario lograr producir energía eléctrica con el movimiento del agua del mar, construir contenedores en los que no entre agua y que no sean afectados por el agua y la sal. También hay que lograr transmitir los datos de manera confiable y con velocidad. Un tema importante es saber cómo afectará la gran cantidad de calor que se producirá a la flora y la fauna de los océanos.

En el espacio pueden tener energía solar permanente si se los satélites se ubican en un lugar en que siempre esté el Sol. Hay que desarrollar paneles solares más eficientes para producir la energía necesaria. En el espacio se refrigeran naturalmente, por lo que no se necesita agua para hacerlo. Serían constelaciones de satélites que estarían en órbita baja, y hay que conseguir materiales que no sean afectados por la radiación espacial. Poner una constelación de satélites en el espacio es muy caro, pero en el futuro. Seguramente, los costos serán menores. Todos estos sistemas contaminan. Hay que evaluar cuál contamina menos. Todavía falta para que se puedan concretar estos proyectos, pero en un futuro no muy lejano se concretarán.